miércoles, 10 de abril de 2013

Esperanza

Bueno, hoy regreso con esta entrada, el texto es una continuación de Inseguridad, entrada de hace tiempo y que pueden leer al hacer click aquí.
Igualmente fue escrito en un momento de inspiración espontánea.



No dormía, no comía, ni siquiera estaba seguro de cómo era respirar. Iba y venía sin sentido alguno, y si los zombies existían, estaba seguro que me habían encontrado en algún punto sin darme cuenta.
Estaba sentado en mi habitación, perdiendo toda fe y esperanza, sabía que se había ido. Ahora estaba ausente y yo sobrevivía de alguna manera misteriosa.
Mi móvil suena quedamente, lo miré sin ganas de leer el mensaje. Lo tomé en mis manos, lo desbloqueé y abrió automáticamente el mensaje de texto: “¿nos veremos hoy?”
Yo sonreía a la pantalla mientras que mi corazón danzaba, inflamándose con cada paso de baile.
Oprimí el botón de “responder”, me retracté y oprimí el botón de llamada.
Escuché el tono dos veces, segundos que parecían una eternidad y me hacían sentir como el hielo a punto de romperse al menor toque.
-Hola –escuché su voz tímida en el auricular.
-Hola –contesté sonriendo.
-¿Y bien?
-Sigues haciendo preguntas estúpidas.
Escuché su suspiro, casi sentí su aliento en mi piel.
-Nos veremos si tú quieres que así sea –contesté, sin saber cómo resolví a usar esas palabras.
-¿El lugar de siempre?
-No.
-¿No? –noté su desilusión en el tono de su voz, esa voz que conocía en todas sus entonaciones.
-Hoy será diferente.
Oprimí el botón de “terminar llamada” sin darle oportunidad a preguntar nada. Escribí un mensaje de texto y lo envié: “lo que pensaba, hace una semana, era que sólo quiero estar a tu lado. No pensaba en otra cosa que no fueses tú, en mis brazos.”

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