Igualmente fue escrito en un momento de inspiración espontánea.
No dormía, no comía, ni siquiera estaba seguro de cómo era
respirar. Iba y venía sin sentido alguno, y si los zombies existían, estaba
seguro que me habían encontrado en algún punto sin darme cuenta.
Estaba sentado en mi habitación, perdiendo toda fe y
esperanza, sabía que se había ido. Ahora estaba ausente y yo sobrevivía de
alguna manera misteriosa.
Mi móvil suena quedamente, lo miré sin ganas de leer el
mensaje. Lo tomé en mis manos, lo desbloqueé y abrió automáticamente el mensaje
de texto: “¿nos veremos hoy?”
Yo sonreía a la pantalla mientras que mi corazón danzaba,
inflamándose con cada paso de baile.
Oprimí el botón de “responder”, me retracté y oprimí el
botón de llamada.
Escuché el tono dos veces, segundos que parecían una
eternidad y me hacían sentir como el hielo a punto de romperse al menor toque.
-Hola –escuché su voz tímida en el auricular.
-Hola –contesté sonriendo.
-¿Y bien?
-Sigues haciendo preguntas estúpidas.
Escuché su suspiro, casi sentí su aliento en mi piel.
-Nos veremos si tú quieres que así sea –contesté, sin saber
cómo resolví a usar esas palabras.
-¿El lugar de siempre?
-No.
-¿No? –noté su desilusión en el tono de su voz, esa voz que
conocía en todas sus entonaciones.
-Hoy será diferente.
Oprimí el botón de “terminar llamada” sin darle oportunidad
a preguntar nada. Escribí un mensaje de texto y lo envié: “lo que pensaba, hace
una semana, era que sólo quiero estar a tu lado. No pensaba en otra cosa que no
fueses tú, en mis brazos.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario