domingo, 14 de abril de 2013

La bendición más grande del mundo

Quiero empezar esto diciendo que no he vivido la experiencia de ser padre, pero llevo casi 24 años siendo hijo, seguramente eso me da un poco de derecho de hablar del tema.
Acepto que no es fácil abordar este tema, la paternidad está en un plano en el que no se le da el valor que merece, dada toda la responsabilidad que representa.
Hoy en día, embarazarse es un problema, un CONSTANTE problema, al que, en lugar de dar un sentido de prevención, se le da solución. Hoy en día es fácil la vida de placer dado que si nos topamos con el problema de 9 meses lo podemos resolver con una pastillita o una visita a un doctor sin ética.

Mientras muchas vidas se pierden por la irresponsabilidad de padres asustadizos que acuden a un quirófano, también existen cientos más que son conscientes, que tienen el deseo de aceptar la total responsabilidad que conlleva alimentar una boca más y que por un motivo u otro no pueden disfrutar de tal bendición tan fácilmente.
¿Qué se puede decir de aquellas personas que por cuestiones de naturaleza les es imposible ser padres? ¿O de aquellos homosexuales que viven en unión con su pareja y no les está permitido ser padres? Mientras muchos jóvenes toman decisiones precipitadas, una adopción lleva meses y meses de proceso para dar a un niño la oportunidad de tener unos padres y a una pareja la oportunidad de tener una familia.

Por suerte, existe también la versión opuesta de esta situación.
Aún cuando mi persona está pasando por un momento espiritual de dudas, puedo asegurar que ser padre es una bendición. Me alegro por aquellos que lo son y se sienten orgullosos de ello.
Los felicito por entregarse a sus hijos, a su familia.

Ahora mismo me siento conmovido por dos acontecimientos: la futura llegada de un nuevo miembro en mi familia, un pequeño que viene a dar más luz en nuestro hogar, una personita que traerá alegrías -y llantos- y momentos de felicidad y aprendizaje para todos nosotros; y la llegada de Walt Eliot Sugg, a quien muchos de ustedes -me atrevo a decir que puedo contar con una mano a quienes no entran en ese "muchos"- no conocen y que si lo conocieran me podrían decir: "¡qué inmaduro! ¿No te da pena sentir algo por él?"

Pero aquí me tienen, con un gran y ferviente anhelo de que, en algún momento futuro, yo sea quien diga: "sorpresa, ya soy papá."

miércoles, 10 de abril de 2013

Esperanza

Bueno, hoy regreso con esta entrada, el texto es una continuación de Inseguridad, entrada de hace tiempo y que pueden leer al hacer click aquí.
Igualmente fue escrito en un momento de inspiración espontánea.