Ha pasado tiempo desde mi última entrada y la verdad es que no le he puesto mucha atención al blog. Bien, hoy he decidido escribir otra vez, luego de haber pasado unas buenas vacaciones en compañía de mi familia, disfrutar Navidad, fiesta de Año nuevo, algunos cumpleaños y demás, y de haber regresado a la universidad a éste que, confío en Dios que todo salga bien, será mi último semestre de mi carrera.
Bien pues, esta entrada la creo porque he estado pensando sobre la Navidad pasada. Estamos a un mes y días de distancia y la pregunta llegó a mi cabeza ahora: ¿es realmente la época de Navidad para dar y recibir? La primer respuesta quizá sea: "claro que sí, todos compartimos algún regalito y pasamos tiempo en familia."
Bueno, yo realmente creo lo contrario. Aunque, como ya leyeron al principio, pasamos tiempo en familia, con amigos y llenos de felicidad, estoy seguro que esta época no es exclusiva para dicha práctica, es decir, ¿por qué tenemos que esperar hasta el 25 de Diciembre para decirle a nuestros padres, hermanos, abuelos, primos, amigos, y un largo etcétera, que los amamos? ¿Por qué esperar hasta esta fecha para regalar algo que, en otra ocasión, nos recordó a esas personas? ¿Por qué debemos esperar con ansias a ese anciano con cabello y barbas blancas, vestido de rojo, que viaja en un trineo volador y ríe "jo jo jo" como si cantara? ¿O a ese bebé que es Dios y hombre a la vez y vino a nuestro mundo a demostrarnos humildad?
No me mal entiendan, la Navidad es fría, blanca y hermosa. Pero creo que el dar y recibir debería ser en la vida diaria. Los 365 días del año -o 366 si es bisiesto-. Quizá convenga regresar un poco a lo espiritual. No importa cual religión profesas o si no profesas ninguna, la idea es que lleguemos a ser un poco agradecidos. Agradecidos con uno mismo y con los demás. Pensar en lo bella que es la vida y que cada día tenemos una nueva oportunidad de crecer, de mejorar. Dar lo mejor de ti, incluso con pequeñas acciones como decir: "buenos días" a la persona que te topas cuando caminas. Dar esa ayuda a la anciana que quiere cruzar la calle. Dar ese tiempo a tu amigo que necesita estudiar o contarte algo que le ha ocurrido. Recibir aquello que los demás quieren compartir contigo. Recibir ayuda o incluso pedirla cuando sea necesario.
Recuerda que la grandeza no se mide por tu estatura, sino por la distancia de tu cabeza al cielo. Piensa en aquello que te gusta, compártelo y sé feliz. Piensa en aquello que llevas en tu mente que no es tuyo pero alguien lo compartió contigo. Piensa en todo aquello con lo que no estás de acuerdo y trata de llegar a una conclusión positiva. O eso que aqueja tu vida diaria y la vida de los demás como la inseguridad. Todo eso no son problemas, son retos. Y todo reto significa un riesgo y oportunidad para mejorar. Bien dicen que "después de la tempestad viene la calma" o "cuando más oscuro está es porque va a amanecer."
Pero no nos engañemos, las cosas no se resuelven solas. Es necesario trabajar. ¿Qué estás haciendo para que tu vida sea mejor? ¿La vida de los demás es importante para ti? ¿Te ocupas realmente en lo que es importante y no en lo que es urgente?
Me voy con esta reflexión. Una reflexión que es personal, pues yo también soy humano y soy parte de esta sociedad.
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